14 de agosto de 2016

La guerra a la pornografía en el mundo infantil. Aprendizaje insano.

Desde la revista digital, Hacer Familia, he encontrado esta columna que me ha sido de gran interés. 
“¿Por qué los hombres jóvenes que crecieron con la pornografía en Internet se están convirtiendo en partidarios de terminar con ésta?”, pregunta la portada de uno de los recientes ejemplares de la revista Time. En efecto, cientos de voluntarios alrededor del mundo y a través de diversas iniciativas buscan demostrar el daño que la pornografía causa a millones de niños y adolescentes. 



Hoy la pornografía, gracias al acceso masivo de los niños a celulares, tabletas y computadores personales, ha ampliado el rango de edad de sus consumidores. Desde muy pequeños nuestros hijos pueden recibir y mandar imágenes y videos, con contenidos altamente pornográficos. La exposición a este tipo de información tiene efectos negativos muy profundos en la construcción de su autoimagen y en la percepción temprana de cómo deberían enfrentar la intimidad en pareja. 

En Estados Unidos la preocupación se refleja en la cantidad de artículos aparecidos en los medios. La revista Time en sus ediciones de marzo y de abril recién pasado, publicó extensos artículos basados en estudios que demuestran el enorme daño que la pornografía provoca. Peggy Orenstein, autora de varios libros, entre ellos Girls & Sex (Las niñas y el sexo), escribió la columna “Cómo la pornografía está cambiando a una generación de niñas”, y en ésta señala que la industria global de la pornografía, que tiene ganancias que llegan a los 97 mil millones de dólares, solo tiene un objetivo: excitar a los hombres de manera rápida y con eso generar dinero; y para lograrlo degrada a la mujer.

La autora cita un estudio de comportamientos en contenidos de pornografía que arroja como resultado que cerca del 90% de 304 escenas elegidas al azar contenían agresiones físicas hacia las mujeres, quienes casi siempre mostraban placer antes este tipo de trato, respondían de manera neutral y a veces rogaban para que su pareja se detuviera, pero finalmente aceptaban y comenzaban a disfrutar, sin importarles cuán dolorosa o degradante fuera la situación.

Por otro lado, Peggy Orenstein señala que más del 40% de los niños entre los 10 a los 17 años han sido expuestos a pornografía on line, muchos por accidente. Sobre los jóvenes que ya están estudiando en la universidad, señala que la encuesta Generación XXX, realizada a más de 800 estudiantes, confirma que el 90% de los hombres y un tercio de las mujeres habían visto pornografía en años anteriores. En palabras de esta escritora “aunque lo que vean sean escenas no tan explícitas, igualmente los niños están aprendiendo que la sexualidad de las mujeres existe para el beneficio de los hombres”.
El diario The Washington Post publicó a comienzos de abril, un artículo escrito por la socióloga Gail Dines titulado Is porn inmoral? That doesn’t matter: it’s a public health crisis (¿Es la pornografía inmoral? Eso no importa, es un crisis de la salud pública). Ahí Gail Dines, profesora de sociología en el Wheelock College de Boston y escritora del libro Pornland: How Porn has Hijacked our Sexuality (Pornolandia: cómo el porno ha secuestrado nuestra sexualidad), explica por qué se ha convertido en una activista antipornografía.



El trabajo de investigación de Dines ha sido tan profundo e importante que, en parte, gracias a sus hallazgos el estado de Utah aprobó recientemente una declaración que definía el consumo de pornografía como “una crisis de salud pública”. Si bien la medida ha sido criticada en algunos medios, que la consideran fruto de una visión conservadora y moralista de la sexualidad, lo que plantea Dines no tiene nada que ver con la moral, sino con la ciencia. Como primer dato ella señala que el consumo de pornografía ha alcanzado niveles espectaculares: en el año 2013 una investigación demostró que las principales páginas del sector recibían mensualmente más visitas cada mes que Netflix, Amazon y Twitter juntas.

Apoyada en la evidencia científica, Gail Dines enfatiza que “las investigaciones revelan que la exposición y el consumo de pornografía amenazan la salud social, emocional y física de las personas, de las familias y de las comunidades y por eso es un problema de salud pública”. Otro estudio citado por la autora establece la relación del consumo de estos contenidos y la probabilidad de cometer actos de abuso sexual, físico o verbal. Por otra parte, el artículo también consigna el porno vengativo, que se refiere a personas que publican imágenes íntimas de otra persona a la que quieren dañar, muchas veces la ex pareja. Esta práctica, en algunos casos documentados, ha sido causa de suicidio. Como conclusión, Gail Dines recomienda una educación sexual en la familia y en los colegios para hacerle frente a esta distorsionada forma de entender la sexualidad como la supremacía de una persona sobre otra.

INSANO APRENDIZAJE

El doctor Elías Arab psiquiatra de niños y adolescentes de la clínica Las Condes señala que cuando un niño de 11 años ve contenidos eróticos y pornográficos “obtiene una imagen distorsionada de la realidad, al igual que con los video juegos violentos o con una publicidad que presenta a una modelo anoréxica. Piensa que eso es lo normal y si nadie le dice que está mal, pensará que así es la realidad”.

Respecto a cómo los niños percibirán la sexualidad si consumen pornografía, el doctor Arab dice que “estos contenidos distorsionan la sexualidad en todos sus aspectos: primero en lo físico, ya que los cuerpos que ahí aparecen no son reales. Luego, en lo afectivo, porque muestran relaciones sexuales sin vínculos. Por esto, si se aprende la sexualidad a través de la pornografía, su desarrollo posterior será poco sano”.

¿CÓMO PODEMOS EVITAR ESTO?



El doctor Arab insiste en que es muy importante que los papás estén presentes en las actividades de sus hijos en las redes sociales, porque “dejar que un niño de 10 u 11 años navegue libremente con su celular en la web es como dejarlo parado solo en el centro de Santiago, darle plata para la micro y decirle arréglatelas solo. Así de riesgosa es la web y la pornografía que existe ahí”, señala.

Explica que el problema hoy tiene que ver más con la educación que con el medio, por eso se necesitan papás más presentes que enseñen qué es lo sano. “Los niños les hacen caso a los padres si hay un vínculo sólido con ellos; si ese vínculo y esa seguridad no existen, el niño sigue a sus pares y no es capaz de resistir su presión. Es importante que el niño tenga un referente que lo ayude a discernir qué es lo bueno y qué es lo malo. Si no lo tiene, no puede hacer frente a todo esto que está viviendo”.

Consultado frente a qué edad es bueno que un niño tenga un celular propio señala: “Es importante según el tipo de niño y sus conductas, si es un niño que siempre está tratando de traspasar los límites y que tiene conductas riesgosas, es mejor retrasar la entrega de un celular. Sin embargo, lo importante más que el cuándo es el cómo entregárselo: establecer reglas de uso, horarios y tipos de contenidos a los que puede acceder”.