18 de febrero de 2018

La reforma educacional que necesitamos los chilenos


Desde las primeras manifestaciones estudiantiles en el año 2006,  cuando los “pingüinos” reclamaban el pase escolar gratuito, la derogación de la LOCE y a la PSU sin costo, (entre otras…), nuestro sistema educacional se empieza a reconocer abiertamente “en crisis” pasando a ser una espina permanente en el gobierno de turno y un tema de discusión para miles de chilenos.  

Pese a todos los cambios realizados en estos últimos 10 años, seguimos viendo los mismos temas en el curriculum escolar,  las mismas metodologías de aprendizaje y en términos generales (salvo algunos colegios innovadores) se mantiene el modelo educativo de antaño…”escucha, repite y aprende”.

Reconozcamos algunos avances importantes: se modificó el Crédito con Aval del Estado, fue aprobada la ley de inclusión que termina el copago, el lucro y la selección arbitraria de alumnos.  Se puso en marcha la carrera docente que contempla; un aumento del tiempo no lectivo de clases, una nueva escala de remuneraciones acorde a distintos niveles de desarrollo profesional, el acompañamiento  a los docentes en los primeros años de ejercicio y el acceso a formación continua. Durante el 2017, se promulgó la ley de gratuidad en Educación Superior, que permitirá al 60% de las familias con menores ingresos de la población, acceder a la educación superior sin pagar. Pese a todo, aún queda mucho por hacer…

En el Chile de hoy, en el cual según la SUBTEL; el 66% de los chilenos se declara usuario frecuente de internet, donde existen mas teléfonos celulares que habitantes, aun aprendemos como lo hacían nuestros padres en una época de incipiente alfabetización digital. Pertenecemos al ranking de los 20 países en el mundo que más usa Facebook, pero poco se ven las tecnologías colaborativas en las salas de clases.

Con la inserción de las tecnologías en la vida cotidiana, los estudiantes también han cambiado. No están sino que “son” hiperconectados,  viven en modo #multitareas,  son utilitaristas (en el sentido que se cuestionan para qué les sirve lo que aprenden) provienen de familias pequeñas, que se entretienen frente a las pantallas eligiendo contenidos digitales a la medida de sus intereses y valoran casi sin cuestionamientos, la información que reciben a través de redes sociales. Reina aun en las escuelas una educación con la mirada perdida en un auspicioso futuro, pero con un sistema anclado en modelos y metodologías del pasado.
El sistema educacional chileno, recién reformado de raíz, aun no se consolida como un modelo educativo que forma a los profesionales que la sociedad necesita.  Varias investigaciones nos revelan que posiblemente más del 80% de los alumnos que son parte del sistema escolar actual, va a insertarse en un mundo laboral realizando tareas que hoy no existen o recién empiezan a surgir…. El foro económico mundial, el año 2017, estimó que para el año 2020, 5 millones de puestos de trabajo se perderán debido al avance de la tecnología.  Muchos trabajos dejarán de ser relevantes y surgirán nuevas necesidades. Diferentes áreas del servicio y manufactura, quedarán a cargo de máquinas y robots. El avance tecnológico hará que se requieran otros 2,1 millones de profesionales, requiriendo perfiles como ingenieros informáticos, trabajadores sociales, arquitectos e ingenieros.

Los invito a abrir el debate entonces…. ¿Cómo se puede aprender con apoyo de tecnologías educativas? ¿De qué manera se prepara a los profesores para cambiar la manera de enseñar a los niños de hoy?¿A qué necesidades de formación se verán enfrentados nuestros niños y adolescentes mañana? ¿De qué manera estamos preparados como país para educar hijos interactivos, líderes sociales, capaces de pensar críticamente?

A escazas semanas del inicio de un nuevo gobierno, se nos presenta la oportunidad de iniciar la verdadera reforma educacional. La reforma esperada hace años en el fondo del corazón todos los chilenos, aquella capaz de lograr el cambio social que tanto anhelamos. La reforma de la sala de clases. La sociedad chilena, está demandando un currículum escolar que fomente el desarrollo de habilidades sociales, escritura y oratoria, competencias digitales en robótica y programación, pensamiento crítico, idiomas, capacidad de trabajo en equipo, actitud éticas, cultura cívica crítica, emprendimiento, innovación, ecología y cuidado del medio ambiente, autocuidado y vida sana, entre varios temas más.

Sin duda, el mundo va cambiando más rápido que nuestras reformas….si integramos las iniciativas privadas con las del estado podríamos quizás, ir un paso adelante…hoy, todos los aportes valen. La calidad de la educación para el siglo XXI (que de paso se inició hace 18 años) es un problema de todos los chilenos, porque los cambios sociales van más rápido que la capacidad política de responder a la realidad lo que hace necesario los acuerdos. Invitamos al nuevo gobierno, a poner el foco en la sala de clases, que modernice las mallas curriculares y que motivemos a los profesores de Chile a implementar nuevas metodologías de aprendizaje aprovechando las tecnologías disponibles y la experiencia exitosa que se ha visto en otros países, o incluso dentro de nuestro territorio.

Las oportunidades no se dan más que en el ojo de las personas que las ven. Y tenemos frente a nuestros ojos, grandes oportunidades para mejorar la calidad de vida de los chilenos. Sin educación, no hay desarrollo.







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