PANTALLOMANÍA PANDÉMICA



Este último año, hemos sido testigos de una verdadera locura por incorporar la tecnología en clases de manera forzosa, incluso llegando a pensar que puede ser el modelo de educación del futuro.

Muchos piensan que, dado a la pandemia, es “el” momento para que la educación incorpore la tecnología y al fin se logren mejores aprendizajes. Se le atribuyen a las pantallas posibles efectos educativos que no tienen, ni van a tener….Dotar las escuelas de tecnología a tope, no es necesariamente el camino para mejorar la educación.

Debemos seguir avanzando en los estudios sobre el impacto que tienen las tecnologías en el desarrollo de niños y jóvenes, especialmente en el aprendizaje. Mediar y evaluar este impacto es clave.

Cuando vivimos en un ambiente lleno de pantallas, iniciamos un ciclo de expectativa y gratificación externa a nivel cerebral muy potente y difícil de regular. Nuestro cerebro tiene lo que llamamos “sesgo a la novedad” dado a que estamos dispuestos a poner mayor atención en lo que es nuevo. Toda la novedad, lo que brille, o parpadee, lo calificamos como información valiosa. Somos recompensados por simples dosis de dopamina, cada vez que reconocemos un estímulo visual de la pantalla, y si nos distraemos un poco, volvemos a buscarlo. Es así como nos volvemos dependientes de la tecnología, y no necesariamente de la experiencia de aprendizaje.

Mirar la tecnología como un aporte "persé" al aprendizaje es errado, sin perjuicio que pueden darse muchos espacios para su uso efectivo, principalmente en la colaboración y en el uso de metodologías activas.

Es preciso fomentar habilidades de autorregulación y sabiduría digital, incorporando tecnologías en actividades pedagógicas probadamente efectivas. Para esto, las escuelas deberían ir un poco contra la corriente social y cuestionar al menos estos cambios cuyos efectos en el cerebro infantil y en el aprendizaje aun desconocemos. Pero, ¿estarían dispuestos?

En la actualidad, muchas escuelas se vanaglorian de sus recursos digitales disponibles. Han cambiado el texto impreso por el digital, pese a que las investigaciones evidencian la baja retención y comprensión de los contenidos en este formato. También cambiaron la lectura de los clásicos por videos, lo que no es sinónimo de aprendizaje profundo, pero a corto plazo, a todos deja felices.

Para incorporar el mundo digital en el contexto escolar, deberían ser bastiones contrarios a la decoración tecnológica y proponer modelos donde la tecnología sea probadamente un aporte y se oriente a dar un rol protagónico al estudiante en su aprendizaje.

Las escuelas de hoy, no están a la vanguardia de la innovación educativa porque también están presas del determinismo e inmediatez del mundo digital.


En medio de una pandemia, obligados a migrar las clases a plataformas digitales, padres y profesores nos encontramos avanzando a ciegas en un peligroso camino hacia la hiperconectividad del que desconocemos la salida. Estamos viviendo la pantallatitis pandémica, y es contagiosa...





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